Instruir deleitando. Ese es el concepto

14 de abril de 2013

El secreto de la eterna juventud lo llevamos dentro



Ya lo decía Oscar Wilde: “Lo peor de cumplir años no es envejecer, sino que no se envejece”. O sea: uno no envejece nunca por dentro, uno se sigue viendo igual de confuso y trémulo y vital que a los catorce, mientras se va alejando cada vez más de la realidad de su propio cuerpo. [...]
[...] mi madre. En 2004, cuando la boda de Felipe y Letizia, se confeccionó un abanico conmemorativo de los esponsales. Era en verdad muy feo, con las varillas de tosco plástico y una tela rosada, si mal no recuerdo, con la fecha y alguna leyenda conmemorativa. Mi madre, que a la sazón tenía 83 años, se empeñó en que le consiguiera uno. “Pero mamá, es horrible…”, intenté disuadirla. “No importa, hija; es uno de esos recuerdos que luego, con el paso de los años, te gusta tener”, contestó tan tranquila. Y a mí me hizo mucha gracia y me pareció que se creía eterna. Hoy, casi una década más tarde (tiempo suficiente para que el abanico haya adquirido un valor rememorativo), mi madre ha cumplido ya 92 años y sigue estupenda. Sin duda es inmortal.
[...] La verdadera inmortalidad es la del aquí y el ahora, la de la plenitud anímica y la fuerza vital, la de la capacidad de habitar el presente como un amplio horizonte interminable. “Mi día equivale a tu año”, cantaba Lou Reed. Es esa tranquila intensidad la que aspiro alcanzar. Y desde luego no es cosa de la edad, o no solo: hay jóvenes que son viejos a los veinte años y viejos capaces de reinventarse cada día. [...] En todo ello interviene sin duda la salud, cierta energía básica que viene inscrita en nuestro organismo, haber tenido la suerte de tener en el cuerpo una sopa química lo suficientemente favorable. La ciega alegría de las células. Pero además está la disposición, la voluntad de seguir, la decisión de asumir una actitud u otra. Ya se sabe que, tras haber sido condenado a muerte, Sócrates se pasó la última noche de su vida aprendiendo a tocar una complicada melodía con su flauta. Sus amigos, que estaban desolados, le preguntaron para qué perdía el tiempo en eso. “¿Para qué va a ser?”, contestó: “¡Para aprenderla antes de morir!”. No se me ocurre una manera mejor de ser eterno. 
Cuánto me ha gustado este artículo de Rosa Montero. Creo que viene a cuento ahora que vamos a ver en Geografía y en Historia la evolución vital de las personas. La foto que acompaña al artículo es esta.

1 comentario:

  1. Carpe Diem, Agustín, Carpe Diem!!

    http://www.youtube.com/watch?v=AFQlA4DxKKE&list=PL6A5BC0D69F53F6C5

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