Instruir deleitando. Ese es el concepto

25 de abril de 2014

Pasodoble del campo de concentración

El prisionero austríaco se había escapado y tenía que pagarlo: “De Mauthausen solo se sale por la chimenea”. Era tanto el horror que habían presenciado los encarcelados en el campo de concentración, eran tantas las vejaciones, que el austríaco merecía algo especial. Fue paseado en un carrito ante 10.000 deportados al son de una banda gitana y su cuerpo permaneció colgado mientras tocaban la Polca del barril de cerveza.  Así lo contó Francisco Boix, el único prisionero español que declaró en los Juicios de Núremberg. Así lo atestiguaba el puñado de fotografías que logró salvar del campo para dar cuenta de la barbarie cuando el régimen nazi trataba de negarlo todo.
“Si alguien tiene dudas de que acabaron allí por Franco, son malintencionadas. Nosotros lo contamos tal y como lo dijeron los alemanes”, explica Ripoll. El SS August Eigruber lo explicó claramente en su discurso del 27 de junio de 1941: “Ofrecimos estos [entonces solo] 6.000 españoles al jefe del Estado Franco, el caudillo español. Rehusó y declaró que nunca admitiría a esos españoles rojos que lucharon por una España soviética”. Los combatientes republicanos adquirieron entonces el estatuto de apátridas. En los campos se les distinguía por el triángulo azul de los sin tierra al que se le bordó la letra S de Spanier, español. Eran unos prisioneros más. Obligados a cargar con piedras de 40 kilos de peso arriba y abajo por los 186 escalones de la cantera. Alimentados con sopa de nabos mañana, tarde y noche. Hacinados en los barracones. Sometidos a las 35 formas de morir en Mauthausen que recogió el preso Ernst Martin.

¡Pero qué tristes suenan los pasodobles!

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