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7 de julio de 2017

Ferdinando: el toro pacifista (basado en hechos reales)

Ahora que se celebra San Fermín en Pamplona, bueno es recordar a San Ferdinando, el cuento que escribió Munro Leaf  e ilustró Robert Lawson en 1936, justo cuando empezó la guerra civil en España.

Ferdinando vivía tranquilamente en el campo español y su mayor placer era oler florecillas.

Cuando se anuncie una corrida de toros en Madrid, todos sus compañeros querrán participar en ella, pero Ferdinando se negará.

Los toros se peleaban delante de los capataces para demostrar su bravura y ser elegidos para la lucha, mientras Ferdinando se fue a reposar en un campo de flores, con tan mala suerte que se sentó encima de un abejorro. 

Dio tales saltos que los capataces pensaron que era el toro más bravo y lo eligieron para la corrida

El día de la corrida, en la plaza, Ferdinando se negó a embestir al torero, oliendo un ramo de flores que cayó al ruedo y una amapola tatuada del torero.


Al fin, viendo que Ferdinando no embestía, fue devuelto a su campo, donde volvió a ser feliz oliendo florecillas.


El autor siempre declaró que la obra no escondía ninguna ideología política, pero este interesante cuento fue prohibido durante varios años por el franquismo y quemado en la Alemania nazi. Interpretado en clave pacifista, contrasta con un cuento de Ernest Hemingway (testigo de la guerra civil y forofo de los sanfermines) sobre El toro fiel, que plantea una dimensión opuesta, destacando el valor del toro que quiere morir luchando. Hay aquí un paralelismo con la ayuda del Batallón Lincoln al bando republicano de la guerra civil española. Recordemos que las democracias occidentales defendieron la "no intervención" en el conflicto español. El toro fiel de Hemingway es una defensa de la lucha antifascista, pues. 

Más aún, Walt Disney realizó una película de dibujos animados, que llegó a ganar un Oscar en 1938. Aquí está:

La historia tiene una final bonito, que no es otro que la verdadera historia de Civilón, el toro de carne y cuerno que se mostraba pacífico. Ejjjeee toro:

En ese mismo enlace se cuenta que al presidente de la República en el momento del golpe de estado de 1936, Casares Quiroga, se le motejaba con el apodo de Civilón, por blandengue, supongo.

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